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España deniega el asilo político a
un activista saharaui condenado a cadena perpetua
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Hassanna Aalia, de 26 años, fue
juzgado en rebeldía por un tribunal militar en 2013
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El joven participó en el
campamento de protesta de Gdeim Izik, en octubre de 2010
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"No quiero ver a Hassanna
nunca más, porque quiero que siga vivo", dice su madre
Hassanna Aalia es
activista por los Derechos Humanos saharaui, tiene 26 años, vive en Bilbao y sobre él pende la guadaña de una condena
en rebeldía a cadena perpetua en Marruecos. Si vuelve a
este país, le espera la cárcel y la tortura de por vida. Por eso, Aalia pidió
asilo político en España, pero hace unas semanas
que se lo
han denegado.
El Ministerio
del Interior decretó el 19 de enero su salida inmediata de
España, cuya fecha límite expiró ayer. Mientras Aalia ultima un recurso ante
la Audiencia Nacional para evitar un crudo destino,
varias organizaciones proderechos humanos, partidos políticos y plataformas de
solidaridad con el pueblo saharaui han mostrado su respaldo al joven e instado
al Ministerio del Interior a que le conceda asilo. Ayer mismo, integrantes de
la Plataforma en su apoyo -que mantienen desde el 30 de enero una
huelga de hambre- entregaron una petición por
escrito en el Ministerio en este sentido.(...)
En octubre de 2010, Aalia
participó en el campamento de protesta
de Gdeim Izik, que congregó en las afueras
de El Aaiún (la capital delSáhara
Occidental, antigua colonia española ocupada por Marruecos desde
1975) a entre 40.000 y 80.000 manifestantes. Muchos expertos señalan la
protesta de Gdeim Izik como precursora de
las revoluciones árabes que han sacudido la región desde finales de 2010.
Un mes después, las fuerzas de
seguridad marroquíesdesmantelaron
con extrema violencia lo que se había iniciado
como una demanda pacífica de trabajo y dignidad social para los saharauis.11
miembros de las fuerzas marroquíes y dos civiles saharauis murieron en los
disturbios y hubo decenas de detenidos.
Uno de ellos fue Aalia, que estuvo
dos meses en un calabozo. En ese tiempo, fue juzgado y condenado a cuatro meses
de prisión sin ejecución. Después de eso, Aalia siguió adelante con su
activismo político en favor de los derechos de los saharauis en el territorio
ocupado, e incluso realizando viajes a España, Argelia y Senegal para denunciar la situación que se vive en su
tierra.
Juzgado en rebeldía
"En octubre de 2011 vine a España con el fin de realizar un curso para
jóvenes activistas de los derechos humanos en las zonas ocupadas y tenía
previsto estar aquí tres meses. Pero tras mi salida -aunque ya había salido
varias veces y siempre había vuelto al Sáhara-, un tribunal militar de
Marruecos decretó mi busca y captura. Entonces decidí pedir asilo político, lo
que hice a principios de 2012", cuenta Aalia.
"En febrero de 2013 fui
juzgado en rebeldía por un tribunal militar y condenado a cadena perpetua.
Otros 24 compañeros recibieron condenas a perpetuidad, a 30, a 25 y a 20 años.
Todos están ahora mismo en la cárcel de Salé, cerca de Rabat", añade en conversación telefónica con EL
MUNDO.es. Los cargos por los que fueron condenados invocaban "violencia
contra las fuerzas de seguridad que resultó en muerte y mutilación de
cadáveres" y "pertenencia a banda armada", según informó la
prensa marroquí. Human Rights Watch denunció
que el
juicio se celebró sin garantías, con
confesiones extraídas bajo tortura. Por no mencionar que Aalia ha sido juzgado
dos veces por su participación en Gdeim Izik.
"Cinco de mis compañeros condenados han denunciado que han sido
violados con botellas de cristal y les han arrancado las uñas de pies y manos.
Es lo que me espera en la cárcel", explica. "Desde los 17 años he
sufrido torturas y maltratos. He presentado varias denuncias ante un juez, pero
nunca se ha abierto ninguna investigación", señala evocando sus años de
activismo en el Sáhara Occidental.
Existen numerosos informes que
denuncian que la práctica de la tortura es persistente en Marruecos. Sin ir más
lejos, el informe mundial que acaba de presentar HRW habla de "pocas
mejoras tangibles en Marruecos en materia de Derechos Humanos", donde
civiles son juzgados por la vía militar, y denuncia la "represión"
en el Sáhara Occidental.
'Si vuelve, le espera la muerte'
La familia de Aalia, que vive en
El Aaiún, se encuentra bajo una especial presión por parte de las fuerzas
marroquíes, que ejercen un férreo control de sus movimientos, revela a este
periódico Maite Isla, presidenta de la
asociación Solidaridade Galega co Pobo Saharaui,
que tuvo ocasión de visitarles el pasado noviembre. "Antes de despedirme
de ellos a mi regreso, la madre de Hassanna me dijo que le enviara un mensaje a
su hijo: 'Por favor, dígale a Hassanna que no quiero verlo más, porque quiero
que siga con vida y si vuelve aquí, le espera la muerte'", relata Isla.
En los años que lleva en España,
este joven se ha pateado toda lapiel de toro para
explicar la situación
en el Sáhara Occidental. "Hay mucho
desconocimiento sobre lo que pasa allí, incluso hay muchos jóvenes que no saben
que el Sáhara fue colonia española. Creo que los españoles tienen derecho a
conocer su propia historia", confiesa.
Pese a todo lo que le ha ocurrido, es optimista. "Sí que tengo
esperanza en que lograré el asilo político. Mi caso es muy claro y yo tengo
esperanza en la Justicia española", afirma. Siente el respaldo de mucha
gente, que se ha manifestado en varias ciudades españolas reclamando que se
resuelva positivamente su petición de asilo. "Me siento apoyado, tengo un
apoyo increíble", dice orgulloso.
Como firmante de la Convención de Ginebra y miembro de la UE, donde se ha
adherido al Sistema Europeo Común de Asilo,
España está obligada a respetar el principio de no devolución cuando una
persona corre peligro si es deportada a su país de origen. La plataforma de
apoyo a Hassanna denuncia que la denegación de asilo político al joven
"incumple el pacto internacional de Derechos Civiles y Políticos aprobados por
la ONU en 1966 y ratificado por España en 1977".
