por Enrique Ochoa Antich
Comencemos
por dejar constancia de una premisa básica: puede uno oponerse a un
gobierno, pueden millones de venezolanos adversar la propuesta chavista
de país, pero nunca, nunca dejar de reconocernos como hijos de una misma
tierra, fatalmente condenados a convivir por los siglos de los siglos,
de lo que se deduce que debe haber, que hay de hecho intereses que nos
son comunes más allá de la controversia y de la confrontación incluso si
ésta es violenta. A algunas naciones -España, Chile, Sudáfrica, las
ex-comunistas de Europa oriental, entre muchas otras- les tocó transitar
décadas de odio, sangre y muerte para admitirlo. Ojalá nosotros
aceptemos y propiciemos el inevitable encuentro antes y no después del
horror.(...)