La Nación
Si fracasa el diálogo nacional entre el gobierno venezolano y la oposición, no es el Papa sino el pueblo de Venezuela el que va a perder, porque el camino podría ser el de la sangre."
Monseñor Claudio Maria
Celli, uno de los diplomáticos más experimentados de la Santa Sede, acaba de
volver de Caracas y no oculta su preocupación. En su despacho de Villa
Nazareth, su residencia de Roma, recibe todo el tiempo información desde la
capital venezolana. Presidente emérito del Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales, de 75 años y experto en China y Vietnam, Celli fue
nombrado por Francisco como su enviado especial a Venezuela. La misión es a
todas luces difícil: a través de un diálogo nacional, apagar esa bomba de
tiempo que es hoy el país que gobierna Nicolás Maduro.
