Manuel Barreto Hernaiz
Serios intentos, y salieron las hallacas. Creo que el empujón definitivo fue el logro del 6/D. Unas cuantas, pero allí están, pues el simbólico condumio que engloba la transculturación en un laborioso tamal, o pastel, viene tan cargado de atavismos que en todos los hogares se escucha la melancólica expresión: La hallaca más sabrosa es la de mi mamá. Autóctona su masa, en tanto que sus adornos nos vienen hoy, como desde los tiempos de Bartolomé de las Casas, de la madre patria, su envoltorio podemos verlo tanto en África como en Asia, en fin la conjunción de razas se vuelca en un manjar antropológico que nos dice que… llegó la Navidad. Pues sí, aún sin comprar los “estrenos” y sin visitar los Centros Comerciales, aún sin escuchar ni gaitas y habiendo olvidado los extraordinarios mensajes de todos los canales que nos invitaban a ponderarlos…Si, la Navidad llegó, hizo su entrada no con una estrella en el firmamento, sino con la indeleble tinta que marcó la determinación de la gran mayoría de los venezolanos que anhelan y merecen un país mejor.


