Una pequeña figurilla de cerámica con once puntos impresos,
encontrada en el yacimiento de La Blanca, podría representar el sistema de
numeración más antiguo documentado hasta ahora en Mesoamérica, datado entre el
750 y el 650 antes de Cristo.
La pieza, de apenas unos centímetros y fragmentada, pertenece
a la tradición de las llamadas figurillas lengüeta y fue
hallada en el sector conocido como Grupo Joyas, a un kilómetro del centro
ceremonial de la antigua ciudad. Lo que la hace excepcional es una serie
de once pequeños círculos de barro, impresos antes de que la pieza fuera
cocida, organizados en tres columnas verticales: una izquierda con tres puntos,
y dos columnas —central y derecha— con cuatro puntos cada una.
Según el estudio publicado por los investigadores Julia Guernsey (Universidad de Texas en Austin), Stephanie M. Strauss (Universidad de Texas en El Paso) y Michael Love (Universidad Estatal de California, Northridge), se trata de la evidencia más temprana fechada de manera segura de un posible sistema de numeración con puntos en Mesoamérica.
La figurilla fue recuperada en una excavación a una
profundidad de entre 70 y 80 centímetros, en el borde de un suelo doméstico
asociado a un hogar de nivel socioeconómico bajo. El contexto cerámico
corresponde a la subfase Conchas E, datada mediante carbono 14 alrededor del
año 650 antes de Cristo, aunque los investigadores señalan que la pieza fue
probablemente fabricada antes, durante la subfase Conchas D (750-650 a.C.).
Se trata de un objeto excepcional: de los más de 5.000
fragmentos de figurillas hallados en La Blanca a lo largo de décadas de
excavación, solo dos están casi completos. La gran mayoría aparecen rotos
intencionadamente, lo que sugiere que la fragmentación formaba parte de su
significado ritual. Los actos de fragmentación corporal deliberada y la
dispersión de los fragmentos constituyentes solían ser fundamentales para sus
significados, explican los autores.
¿Por qué son importantes los puntos?
En la Mesoamérica antigua, el sistema de numeración más
extendido era el de barras y puntos: un punto representaba el número uno y una
barra el cinco. Ese sistema aparece documentado con claridad a partir del
periodo Preclásico Tardío (300 a.C.-250 d.C.), por ejemplo, en la Estela 12
de Monte
Albán (Oaxaca), que muestra los números cuatro y ocho.
Sin embargo, los autores del estudio sostienen que los
sistemas de numeración pueden haberse desarrollado simultáneamente con
los signos de palabras, pero es más probable que los precedieran. De hecho,
señalan que los sistemas de numeración mesoamericanos son probablemente
mucho más antiguos que la escritura.
La figurilla de La Blanca no utiliza barras, solo puntos. Los
investigadores plantean que los once puntos podrían estar representando el
número 11, aunque reconocen que es imposible demostrarlo con total certeza. A
favor de esta interpretación juega un detalle: el número impar de puntos. Si
los puntos sirvieran solo como un elemento decorativo, la tendencia hacia el
equilibrio y la simetría en el arte mesoamericano temprano indica que habría
prevalecido un número par de puntos en cada columna y una composición centrada,
argumentan.
El cuerpo como soporte de identidad
Uno de los aspectos más fascinantes de la pieza es dónde
están colocados los puntos: en la zona que hace las veces de cabeza. Las
figurillas lengüeta carecen de rostro; en lugar de una cabeza naturalista,
presentan una prolongación plana con forma de lengüeta. En este caso, esa
lengüeta está rematada por una banda horizontal que simula un tocado o cinta
para la cabeza, y sobre ella se disponen las tres columnas de puntos.
Los autores vinculan esta ubicación con una tradición
mesoamericana muy antigua: colocar información clave sobre la identidad de una
persona en la cabeza o el tocado. La colocación de un posible numeral
en la cabeza alargada de la figurilla sigue la convención mesoamericana de
situar información clave sobre la identidad en la región de la cabeza o el
tocado, escriben.
Ponen como ejemplo las cabezas colosales olmecas de
San Lorenzo (Veracruz), cada una con un tocado único, o las figurillas más
tempranas de Cantón Corralito (Chiapas), que ya mostraban símbolos en la cabeza
datados entre el 1150 y el 950 a.C.
Números, destino y persona
El estudio conecta los posibles números con conceptos
fundamentales del pensamiento mesoamericano, como la noción de winik (persona)
y el calendario sagrado de 260 días. En lenguas mayas
como el k’iche’, la palabra winik significa a la vez «persona»
y «veinte», porque las personas tienen diez dedos en las manos y diez
en los pies.
El calendario de 260 días combinaba 13 coeficientes numéricos
con 20 signos de día, y la fecha de nacimiento de una persona determinaba
aspectos de su destino, su carácter e incluso su profesión. Los autores
recuerdan que en kaqchikel, la palabra para ‘destino’, vach, significa
literalmente ‘cara’.
En este sentido, las figurillas preclásicas podrían estar
visualizando conceptos de tiempo y el calendario, y la presencia de
once puntos en la cabeza de esta figurilla en concreto podría estar
expresando una relación entre la numeración y la identidad.
Tomado de LBV / Crédito de la imagen: Julia Guernsey