¿Autosuficiencia rusa, cambio de socios comerciales o un
aislamiento que en realidad no es tal? Los sectores donde las restricciones de
Occidente sí golpearon. "En Naciones Unidas hay 193 países, no 30”
Por Vardan Bleyan / Desde
Moscú
Desde Moscú a San Petersburgo hasta
un pequeño pueblo del interior. Rusia le propone al viajero jugar
mientras camina por sus imponentes calles. Principalmente al clásico
"encuentre las diferencias", pero en este caso aún más las similitudes.
Donde la memoria grita "McDonald's", la vista lee "Vkusno i
Tochka" (Delicioso y Punto). ¿Un café después de cenar? Las ciudades
están repletas de locales de "Stars Coffee", con una estética
idéntica a la multinacional estadounidense Starbucks. "Maag" es
el nombre que adoptó Zara, mientras que Levi's, ahora es "JNS":
la primera vende ropa muy similar a la marca española; la otra directamente
comercializa los mismos productos que la empresa fundada en San
Francisco.
La lista de parecidos es interminable.
Desde la anexión de la península de Crimea en 2014, Estados
Unidos y la Unión Europea han aplicado miles de sanciones contra Rusia, que se
intensificaron en 2022 tras el inicio de la guerra con Ucrania. "En caso
de que Rusia no esté lista para llegar a un acuerdo para poner fin a la
guerra, Estados Unidos está completamente preparada para imponer una ronda
muy potente de aranceles que detendrán el derramamiento de sangre
rápidamente", advirtió Donald Trump durante su discurso en la
última Asamblea de las Naciones Unidas.
Pero las potencias occidentales ya han sancionado a más de 2.500 personas y entidades, incluidas las principales autoridades de Rusia. También han restringido fuertemente el comercio internacional —instando a que cientos de marcas occidentales se retiren del país— y congelado activos rusos en el exterior por más de 300 mil millones de dólares.
Así las cosas, una duda sobrevuela un conflicto que no parece
tener un fin cercano: ¿Cómo es que la economía rusa no se ha derrumbado?
¿Los rusos sienten las sanciones económicas?
Dmitri, un joven estudiante universitario, se sorprende al
escuchar personas hablar en español en una cafetería y se acerca a la
mesa. "¿Las sanciones?", repregunta sorprendido, inclinando su
cabeza hacia atrás. "Se sintieron las primeras semanas en los precios,
también faltaban algunas cosas. Pero la verdad es que ahora se consigue
todo, llevamos una vida normal", afirma con seguridad.
-¿Qué te parece el sabor de Vkusno i tochka con respecto a lo
que era McDonalds?
- "¡Nadie lo llama así!" - responde entre
risas Svetlana, una mujer de unos 30 años que hace fila en uno de los locales
de la cadena de comida rápida ubicado en el centro de Moscú. "Le
decimos McDonalds, es igual. Tampoco decimos Subjoy, sigue siendo
Subway, vende lo mismo. Te diría que incluso saben mejor ahora, a excepción de
la gaseosa", añade.
A pesar de la normalidad que se aparenta, el propio
gobierno ruso reconoce los "efectos negativos de las sanciones",
según ha declarado Sergey Ryabkov, viceministro de Relaciones Exteriores
de Rusia, en diálogo exclusivo con medios latinoamericanos, entre ellos Página|12.
"Tenemos problemas en el sector bancario y con los seguros —admite
el funcionario—, pero a pesar de eso hemos desarrollado mecanismos
alternativos de comercio".
Tras el inicio de la guerra con Ucrania, Rusia fue desconectada
del sistema de pagos internacionales SWIFT. Al mismo tiempo disminuyeron
fuertemente los productos que llegaban desde Occidente y cientos de marcas se
retiraron ante el miedo de no poder retirar sus activos del país.
Según Ryabkov, esos mecanismos alternativos de pago permiten
al país "continuar con las exportaciones e importaciones sin depender de
los sistemas occidentales”. Por otro lado, el experimentado diplomático destaca
algo que se comprueba en cada tienda y supermercado: "Si van de
compras acá en Rusia, difícilmente vean alguna consecuencia de las
sanciones".
"Transportar tres buques llenos de petróleo es mucho más
complicado que recibir el pago”, resume Vasily Pushkov, director de Cooperación
Internacional de la agencia estatal de noticias Rossiya Segodnya.
Más allá de esto, las restricciones efectivamente representaron —y
representan— problemas para la vida cotidiana de millones de personas.
Matías Gianera, un argentino radicado en Moscú hace años y
creador de la plataforma de pagos Dymatrox, afirma a Página|12 que al
principio la desconexión del sistema SWIFT "fue terrible". Cobrar
sueldos, hacer transferencias y pagos se volvió una pesadilla. "Tuve
que salir a buscar brokers (intermediarios) que me habilitaran certificados
digitales para poder trabajar y contratar seguros por si alguna transferencia
se caía", recuerda sobre los primeros meses posteriores al inicio de la
guerra.
Luego la situación se normalizó de a poco. "A los pocos
meses se pudo rehacer el sistema y trabajamos sin inconvenientes", señala
Gianera. "Rusia decidió profundizar lazos con BRICS a través de
la desdolarización del comercio internacional y los circuitos
alternativos como el blockchain", explica.
¿Desdolarizar es la salida?
Desdolarizar el comercio suena atractivo. Pero es más fácil
decirlo que hacerlo. “Para eso hay que tener una balanza comercial muy
equilibrada y ese tipo de casos son pocos. Por ejemplo, tenemos muchas
rupias indias, ya no sabemos qué hacer con ellas”, matiza Tatiana Mashkova,
economista y directora del Comité Nacional de Cooperación con América Latina.
Oleg Leónov, periodista de la agencia Sputnik,
cuenta en primera persona otra de las maneras en las que se sorteó el bloqueo a
los bancos rusos: "En lugar de utilizar mi tarjeta de crédito para
contratar servicios del exterior, simplemente cargaba los costos a la factura
de mi compañía de telefonía. Ellos se encargaban de hacer el pago y me lo
cobraban a fin de mes con un pequeño recargo. Tan sencillo como eso".
Son decenas de personas las que describen ese mismo mecanismo
y otros tantos para el pago de plataformas de música, streaming o
videojuegos. "Fue tan simple como viajar a otro país y sacar una
tarjeta de crédito allí"; "Uso la tarjeta de mi familia que vive
en el exterior para pagar Apple Music"; "Compro ropa de marcas
occidentales en sitios web de Kazajistán y llegan en el día, los depósitos
están aquí mismo en Moscú".
La Unión Europea sancionó a varios bancos y empresas de otros
países por posibilitar esas conexiones con Rusia, pero es absolutamente
imposible hacerlo con todos.
En cuanto a los pagos internos no hubo mayores
complicaciones. Tras la retirada de Visa y Mastercard, que dominaban el
mercado, la tarjeta rusa "MIR" ("mundo" en español) copó
las calles junto a varias billeteras virtuales locales. Incluso los mismos
plásticos Visa y Mastercard tampoco dejaron de funcionar dentro de Rusia: el
soporte lo comenzó a dar la propia MIR, solo que no se pueden utilizar para
pagos internacionales.
Coca rusa, desabastecimiento y los nuevos aliados del
"Sur Global"
Con el inicio de la guerra, sin embargo, no sobrevino un
desabastecimiento generalizado como el que habían imaginado las potencias
europeas tras imponer sus sanciones. Pero los rusos sí recuerdan que en las
primeras semanas hubo faltantes de productos occidentales en las góndolas.
También se produjo una devaluación del rublo en el orden del 100 por
ciento, aunque se revirtió en unos pocos días.
Rusia consiguió solucionar los faltantes gracias a sus socios
comerciales, no solo de los miembros principales de BRICS, sino del bloque
de países que antes conformaban la URSS, naciones de África e incluso un
miembro de la OTAN, como Turquía. Lo que Rusia llama "El Sur
Global".
Un ejemplo práctico es la Coca-Cola, que ya no se
produce en el país, sino que llega desde Nigeria o Kazajistán en sus
múltiples variantes y sabores, aunque cuesta un 20 por ciento más que las
gaseosas de marcas locales.
Para reducir el impacto de las sanciones, el gobierno de
Vladimir Putin impulsó una ley de importaciones paralelas que permite introducir
productos en el país sin la autorización del titular del derecho de propiedad
intelectual.
Hecha la sanción, hecha la trampa: la coca tradicional fue
reemplazada por la "Dobry Cola", una gaseosa con un sabor
sugestivamente similar. Tan sugestivo como el hecho de que es producida
por la misma empresa que antes de la guerra embotellaba la bebida original, de
la cual The Coca-Cola Company posee un 21 por ciento de las acciones.
Más allá de que las sanciones no generaron un efecto
devastador en la economía rusa, las altas comisiones bancarias y las
triangulaciones necesarias para ingresar productos al país provocaron un fuerte
aumento de los precios. La inflación llegó a ser del 17 por ciento en
2022, pero ahora gira en torno al 8 por ciento interanual, aún muy por encima
del promedio previo a la guerra.
Economía de guerra
La industria de las armas también aceleró la actividad
económica. El 40 por ciento del presupuesto de 2025 se destina a la
Defensa y el Ejército recluta soldados con salarios que duplican el sueldo
promedio, además de ofrecer grandes beneficios para los familiares.
Pero esto no fue gratuito y también provocó un sacudón
al sector privado, que se vio obligado a mejorar los sueldos para no perder
competitividad. Así, en 2023 y 2024, a pesar de las sanciones, el PBI ruso
creció por encima del 4 por ciento y el desempleo bajó al 2,1 %.
En un intento por contener la inflación, el Gobierno subió
fuertemente la tasa de interés para enfriar la economía: en la actualidad
gira en torno al 17% (con una inflación del 8%), aunque llegó a estar encima
del 20%. En ese marco, con el encarecimiento del crédito, el crecimiento
del PBI se ralentizó (se estima que será del 1,5% en 2025) y los salarios,
que venían al alza en los meses previos, quedaron por detrás de la inflación: "Este
año crecieron cerca del 4%", sostiene Gianera. Se emprendió un ajuste del
gasto para achicar el déficit (sería del 2,6% este año) y un aumento del IVA
del 20% al 22%.
A pesar de esto, la pobreza disminuyó a un mínimo
histórico del 7,2%: si bien el umbral es tan solo de 16 mil rublos mensuales
cuando el sueldo promedio es de unos 100.000, el guarismo marca una
tendencia a la baja. Más allá de las ayudas sociales del Gobierno, los
servicios y el transporte público son económicos y funcionan como salario
indirecto.
En Moscú entre agua, luz, gas, internet y expensas se gastan
en promedio unos 8.000 rublos. Alquilar un dos ambientes en una zona
alejada del centro de la capital cuesta entre 50 y 70 mil rublos, aunque
buena parte de los rusos son propietarios. En el resto del país los alquileres
suelen ser incluso más económicos, aunque los salarios también son más bajos.
"El precio de los servicios es barato y al menos acá en
Moscú son muy buenos. Puedes tener 15 grados bajo cero y no se corta la luz
nunca, ni Internet, ni el agua, nada", destaca Irina, cajera de un
supermercado. Pero se queja de una situación que suena familiar en Argentina
con el transporte público: "Yo soy de una ciudad pequeña al sur de
Rusia y los servicios son bastante más caros que acá, mientras que los sueldos
son mucho menores que en Moscú".
¿Es la famosa "autosuficiencia de Rusia" la
respuesta?
Rusia es un país con una balanza comercial muy
favorable —más cuando los precios del petróleo suben, al contrario de lo
que ocurre ahora—, unas robustas reservas internacionales que según el Banco
Central son de 732 mil millones de dólares y una deuda pública total apenas por
encima del 20% del PBI. Petróleo, gas, minerales y metales preciosos encabezan
la lista de exportaciones —con China e India como destinos principales—,
seguidos muy de lejos por alimentos y materias primas agrícolas como
fertilizantes.
"Debo admitir que nuestras exportaciones de gas se
desplomaron inicialmente, y si bien no se han recuperado por completo, han
reanudado el crecimiento", reconoce Putin durante su discurso en la Semana
de la Energía Rusa, evento al que fue invitado Página|12.
Europa restringió fuertemente la compra del gas y el petróleo
ruso en marzo de 2022 y eso golpeó las finanzas rusas durante los primeros
meses. “Las cadenas de suministro de energía se desplazan cada vez más
hacia el Sur Global: países de Asia-Pacífico, África y América Latina. La
táctica de la UE solo ha acelerado el cambio de nuestra dirección de suministro
hacia compradores más prometedores y fiables”, agrega el Presidente.
"Las repercusiones de las sanciones para Europa son
evidentes. Hubo un descenso de la producción industrial, aumento de los
precios debido a la importación de petróleo y gas más caros y una
reducción de la competitividad tanto de los productos europeos como de la
economía en general”, resalta el mandatario ruso, citando datos de Eurostat, la
oficina de estadísticas de la Unión Europea.
"El desafío para el sector energético es la
tecnología", dice Putin, ya que "los equipos occidentales pueden
dejar de estar disponibles en cualquier momento por razones geopolíticas".
El líder ruso destacó que "las empresas nacionales ya cubren la mayor
parte de la demanda de perforación de Rusia", en comparación con años en
los que ese trabajo "lo realizaban contratistas extranjeros".
Más allá del cambio de socios comerciales, "Rusia
siempre tuvo un sesgo autodependiente", destaca Gianera. "El
problema no fue que no haya Coca-Cola, sino los repuestos de autos o de
aviones", sostiene. Si bien es cierto que Rusia reanudó la produción de
sus vehículos de la marca Moskvitch y potencia a la icónica Lada, la realidad
es que el grueso del parque automotor ahora lo conforman autos chinos. Se
ven muy pocos autos Ford o Chevrolet, por poner dos ejemplos: conseguir
los repuestos originales es costoso y complejo.
Queda un porcentaje minoritario, pero importante aún, que
corresponde a las marcas de lujo alemanas, italianas y estadounidenses. Por las
triangulaciones, esos autos llegan a costar el doble que en Europa, pero
son los elegidos por las clases más adineradas como símbolo de estatus.
Por su parte, las dificultades para conseguir los repuestos
de los aviones de la estadounidense Boeing fueron un dolor de cabeza
para Aeroflot, la aerolínea de bandera. Desde las sanciones de 2014
Rusia ha comenzado un agresivo plan de sustitución de importaciones y calculan
que para 2026 ya tendrán el primer avión comercial 100% hecho en Rusia.
"Hemos potenciado nuestra industria, pero no es que
Rusia tenga algo mágico. Lo que ocurrió es que Occidente presentó la situación
como si Rusia estuviera aislada del mundo. Pero eso no es cierto. En
Naciones Unidas hay 193 países, no 30”, ironiza Pushkov. "La verdad
es que la economía rusa no colapsó porque nunca dependió completamente de
Occidente”, sintetiza.
En cuanto a los alimentos, tras la disolución de la URSS y su
apertura económica descontrolada, Rusia era un país que importaba buena parte
de lo que comía. Hoy en cambio es uno de los principales exportadores de
alimentos del mundo.
“Hace unos años no teníamos esa posibilidad de producir como
para exportar. Dependíamos mucho de la importación, pero desde 2014 las
sanciones nos obligaron a cambiar. Ahora protegemos a nuestros
productores, en los supermercados hay una gran cantidad de productos hechos en
Rusia. Incluso muy específicos como ciertos tipos de quesos al nivel de los
europeos”, detalla Alina Shcherbakova, profesora de economía y relaciones
internacionales en la HSE University.
Rusia es uno de los productores más importantes de azúcar,
leche, papas y cereales y leguminosas, entre ellas el trigo, del
mundo. Pollo, cerdo, los rusos incluso han apostado fuerte a la producción
de carne vacuna: aún importan de Bielorrusia y de algunos países de
Sudamérica, entre ellos Argentina, aunque en ese caso para un segmento más
premium.
Shcherbakova resume a la perfección un discurso que mantienen
desde el Presidente hasta el último funcionario con respecto a las sanciones
occidentales: “No hay bien que por mal no venga, nos forzaron a hacer una
sustitución de importaciones y lo hicimos bien”.
Pushkov recuerda su vida cuatro años atrás, antes del inicio
de la guerra, cuando en su casa la heladera estaba repleta de productos
importados. "El 40 por ciento de mi canasta de consumo era propiedad de
capital extranjero", calcula. Incluso los trajes con los que se vestía a
diario para ir a su oficina en el centro de Moscú eran de marcas europeas. Hoy
la situación cambió. Su heladera está "repleta de alimentos
rusos". "Al igual que los últimos dos trajes que compré", dice
mientras se señala la solapa del saco. "Esto te da una idea del
cambio", analiza con una sonrisa.
Fuente: Página 12 / Argentina.
