Presidió una vigilia y logró conectarse efectivamente gracias
a su capacidad de hablar en tres idiomas y crear un ambiente muy espiritual
Por Elisabetta Piqué / Corresponsal en Italia*
ROMA. - A casi tres meses de su elección -el 8 de mayo
pasado-, el papa León XIV enfrentó este sábado su primer gran desafío de
masas, al protagonizar una vigilia de oración ante un millón de jóvenes de 146
países, mega-evento culminante del Jubileo de los Jóvenes, que concluirá este
domingo con una misa campal en el mismo predio de Tor Vergata, en las afueras
de Roma.
Ante una mar de chicos con remeras de diversos colores y
banderas, que lo aclamaron, León XIV, que lució más suelto, recordó que “encontramos
la felicidad cuando nos donamos a nosotros mismos”.
Al llegar a la enorme explanada, al atardecer de una jornada con mucho calor pero inmenso entusiasmo, estalló una verdadera fiesta en Tor Vergata. Y León desde su papamóvil saludó durante media hora a la multitud, enfervorizada, que seguía corriendo a su vehículo, haciendo la señal de “ok” con el pulgar alto, bendiciendo y mostrándose incluso con muy buenos reflejos al atrapar repentinamente una pelotita que alguien le lanzó.
Durante un diálogo,
el primer papa agustino respondió tres peguntas y llamó a los “papa-boys” a
buscar la verdad y a seguir a Cristo. “Queridos jóvenes, toda persona desea
naturalmente esta vida buena, como los pulmones tienden al aire, ¡pero cuán
difícil es encontrarla! Hace siglos, san Agustín captó el profundo deseo de
nuestro corazón, aun sin conocer el desarrollo tecnológico de hoy. También él
pasó por una juventud tempestuosa; pero no se conformó, no silenció el clamor
de su corazón. Agustín buscaba la verdad que no defrauda, la belleza que
no pasa. ¿Cómo la encontró? ¿Cómo encontró una amistad sincera, un amor capaz
de dar esperanza? Encontrando a quien ya lo estaba buscando, Jesucristo. ¿Cómo
construyó su futuro? Siguiéndolo a Él, su amigo desde siempre”, recordó,
conectándose con los jóvenes, en una ceremonia marcada por gran espiritualidad.
Para Robert Prevost, primer papa nacido en Estados Unidos,
pero con nacionalidad también peruana, de 69 años y estilo y formas muy
diferentes de su predecesor argentino, se trató de lo que algunos observadores
definieron su primer “carisma-test”.
Una primera prueba de fuego, que superó con creces debido a
dos factores: el primero, en este tipo de grandes eventos de jóvenes,
bautizados por algunos como los “Woodstock católicos”, la euforia siempre
está, pase lo que pase; segundo, el hecho de que habla diversos idiomas, algo
que lo diferenció de su carismático predecesor y que le dio la capacidad de
ponerse a traducir, él mismo, de forma espontánea, conceptos clave de su diálogo
con los jóvenes, como que “¡La amistad puede cambiar al mundo, la amistad
es el camino para la paz!”.
“El romance inicial de los jóvenes con el Papa, cualquiera
que sea, para mí no tiene comparación y es fantástico. Y es verdad, podría
haber sido Bonifacio o Pío XIII, pero la emoción igual habría estado”, dijo a
LA NACION Inés San Martín, vaticanista argentina que está realizando el
podcast “Descifrando
a León”.
San Martín subrayó el hecho de que también a los dos
predecesores del más reservado León XIV les tocó debutar en eventos masivos
ante jóvenes: Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de
Colonia, Alemania, de agosto de 2005; Francisco en la JMJ de Río de Janeiro,
Brasil, en julio de 2013. Y subrayó que, en todos los casos, hubo algo así como
un cambio de marcha.
“El martes pasado, cuando León apareció en la apertura del
Jubileo de los Jóvenes en papamóvil en la Plaza de San Pedro, por ejemplo, vi a
un papa que realmente está creciendo, está llegando a su ápice como pontífice. Vimos
antes un León tímido, que no se quería sacar una selfie, manteniendo la
distancia y ahora es realmente otra persona, lista incluso para hablar
improvisando como hizo el martes y esta noche”, comentó. “Para mí fue un
recordar ese primer baño de masas de Benedicto XVI en Colonia, de Francisco en
Río de Janeiro y ahora de León acá”, añadió. “A mí me sorprendió verlo el
martes pasado, cuando se estaba yendo, con sus ojos llenos de lágrimas: creo
que fue el momento en el que él entendió la enorme dimensión del contacto con
las masas. En los últimos tres meses la tuvo que entender a nivel político,
pero las masas, ese encuentro con miles de personas que están ahí por Jesús,
pero también por él, que se volvieron locos cuando llegó, no lo había tenido y
se emocionó”, resaltó.
Coincidió el veterano vaticanista español, Juan
Vicente Boo, autor de diversos libros sobre el Vaticano y excorresponsal de
ABC. “El primer encuentro masivo de los jóvenes con el nuevo Papa es siempre ‘amor
a primera vista’, algo parecido a lo que sucedió con las miles de personas que
estaban en la plaza de San Pedro cuando vieron la fumata blanca sin saber quién
era el elegido”, dijo a LA NACION. “Incluso recuerdo que el tímido papa
Benedicto XVI sorprendió al mundo en la JMJ de Colonia desatando casi el mismo
entusiasmo que Juan Pablo II”, evocó, al considerar la vigilia de este sábado
del también tímido papa León, un primer gran desafío masivo, como “la mejor que
he visto desde la de 2000”.
En una atmósfera parecida a la que reinó hace 25 años, cuando
un ya viejo y enfermo san Juan Pablo II reunió en Tor Vergata a 2 millones de
jóvenes para una JMJ histórica, pero distinta por la presencia masiva de
celulares, la mayoría de los jóvenes llegaron a pie a la cita, con sus
banderas, mochilas, bolsas de dormir y cantos pasado el mediodía de una jornada
de sol.
En la previa y a la espera de la llegada de León XIV -a las
19.30 locales-, en el inmenso palco montado en el predio -donde había más de
4000 agentes, centenares de equipos médicos, baños químicos, decenas de
pantallas gigantes y todo lo necesario para el acampe-, hubo música,
testimonios, y videos con viejos mensajes a los jóvenes de san Juan Pablo II,
Benedicto XVI y el papa Francisco. Entonces también hubo momentos de oración y
tuvieron su actuación diversas organizaciones católicas, como por ejemplo “Mary’s Meals”, movimiento global que
todos los días le da de comer, en la escuela, a más de 2,5 millones de niños de
las zonas más pobres y castigadas del planeta.
Aunque italianos y españoles eran mayoría, los argentinos,
con sus banderas, camisetas de la selección y alegría, no pasaron
desapercibidos. “El Jubileo para mí está siendo una experiencia inolvidable que
puedo ver que se refleja en cada sonrisa, en cada mirada, en cada caminata, en
la música, en los chicos de todos los diferentes países… Eso es impresionante,
también es impresionante la cantidad de argentinos que hay, siempre que los
ves, es una fiesta, así que se respira mucha pero mucha paz”, dijo a LA NACION
Francisca Bossa, que vino con un grupo de 55 chicas del colegio Etcheverry
Boneo y 70 varones del San Pablo. “Para mí lo que verdaderamente buscamos
todos es a Jesús y es impresionante ver que tanta, pero tanta gente, venga por
el mismo motivo y cómo en las adoraciones todos se arrodillan, con distintas
culturas, distintas maneras, se dan la paz, pero todos nos entendemos, parece
que todos somos hermanos… Sin conocer el de al lado, siempre se está
preocupando por vos”, destacó esta joven de 17 años.
Como los más de 1000 argentinos de todo el país que viajaron,
Francisca el jueves estuvo en un rosario, una misa y un fogón que se organizó
en la Iglesia argentina de Roma. Entonces también hubo música y bailes
folklóricos y se compartieron muy ricas empanadas donadas por el embajador
argentino ante la Santa Sede, Luis Pablo Beltramino.
Cuando ya se hacía oscuro, a la hora de responder preguntas
-la primera sobre la amistad sincera en tiempos de redes sociales, de una joven
mexicana-, León, en español, recordó palabras de Francisco, que así como exaltó
la extraordinaria oportunidad de las redes sociales, también advirtió que
cuando están dominados por lógicas comerciales e intereses, “pueden ser
utilizadas para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo”.
Al contestar otra pregunta de una chica italiana sobre cómo
se puede encontrar el coraje para tomar decisiones importantes, el Papa recordó
que esto “viene del amor, que Dios manifiesta en Cristo”. Recordó
entonces palabras dichas por san Juan Pablo II hace 25 años en la misma
explanada, cuando llamó a no tener miedo. Y destacó decisiones importantes como
el matrimonio, el orden sagrado y la consagración religiosa, que “expresan el
don de uno mismo, libre y liberador, que nos hace auténticamente felices”, dijo.
Durante el intercambio, León también pidió oraciones por dos jóvenes, una
egipcia y otra española, que no pudieron llegar al mega-evento porque
fallecieron luego de atravesar problemas de salud.
En la tercera y última pregunta, realizada en inglés por un
compatriota estadounidense sobre cómo se puede encontrar a Cristo y hacer el
bien, León evocó al papa Francisco, que al convocar este Jubileo escribió un
documento titulado “La esperanza no defrauda” y en el que subrayó que
“en el corazón de toda persona anida la esperanza como deseo y expectativa del
bien”.
Volvió entonces a destacar la importancia de seguir a Cristo.
Y recordó que “al papa Benedicto XVI le gustaba decir que quienes creen nunca
están solos”. “En otras palabras, encontramos a Cristo en la Iglesia, es decir,
en la comunión de quienes lo buscan sinceramente. El Señor mismo nos reúne para
formar una comunidad de creyentes que se apoyan mutuamente”, explicó. “¡Cuánto
necesita el mundo misioneros del Evangelio que sean testigos de justicia y paz!
¡Cuánto necesita el futuro hombres y mujeres que sean testigos de esperanza! “,
clamó. ”Queridos jóvenes, ¡esta es la tarea que el Señor resucitado nos confía
a cada uno de nosotros!”, les dijo.
Volvió entonces a citar a San Agustín e invitó al millón de
jóvenes de todo el mundo a decirle al Señor: “¡Gracias, Jesús, por llamarme.
Gracias Jesús por habernos amado!”.
En medio de un clima de gran recogimiento y con bellísima
música tocada por una orquesta, León XIV protagonizó luego la Adoración del
Santísimo, arrodillado, concentrado y evidentemente, muy emocionado. Mientras
podía verse la imagen en decenas de pantallas gigantes, reinaba entonces un
silencio impactante, un ambiente muy espiritual.
Después de un bellísimo “Magnificat” entonado por tres
jóvenes cantantes, el Papa agradeció al coro y a la música. Y saludó al millón
de jóvenes, a quienes les recomendó “descansar un poco”, en vista de la santa
misa de este domingo. “¡Augurios a todos y buenas noches!”, se despidió,
finalmente, firmando autógrafos, sonriente, estrechando manos de quienes habían
podido subir al inmenso escenario. Mientras se retiraba, aclamado al grito de
“¡Papa Leone! ¡Papa Leone!”, pasadas las 22 locales, al Pontífice se lo veía
visiblemente satisfecho, probablemente consciente de haber superado, con creces
y con estilo propio-medido, sobrio, sin llamar la atención-, su primer gran
desafío.
*Tomado de La Nación / Argentina. Imagen: Alessandro Sardo -
Vatican Media – AP -.
