El actor reflexiona sobre la
crisis humanitaria que atraviesa Ceuta y recupera la cuestión del Sáhara
Occidental a propósito de 'El ser querido', la nueva película de Rodrigo
Sorogoyen.
“El Sáhara es un ejemplo
de cómo un protector abandonó a su suerte a su protegido dejándole en
manos de un maltratador. En este caso, Marruecos.
La entrega de su soberanía a
Marruecos por parte de Pedro Sánchez sólo evidencia la
injusticia crónica que sufre el pueblo saharaui. Merecen libertad e
independencia.
Por Pedro
del Corral
Una cámara no juzga. Y tampoco pone
límites. Pero puede convertirse en una herramienta incómoda cuando quien está detrás
confunde dirigir con mandar. Esa frontera recorre El ser querido, la película que Rodrigo
Sorogoyen estrena este miércoles y con la que Javier
Bardem vuelve al cine español. Interpreta a Esteban Martínez, un
director de fama internacional que regresa al país y ofrece un papel a Emilia,
su hija, a la que lleva 13 años sin ver. No es exactamente un reencuentro,
sino una herida abierta bajo los focos. Y ahí empieza todo: donde
el afecto y el poder se confunden.
Esteban manda. Decide la toma y hasta dónde debe llegar un actor. El problema es qué ocurre cuando esa autoridad sale del plano. Sorogoyen e Isabel Peña colocan ahí una de las preguntas incómodas de la película. Bardem no la esquiva: "Es una línea roja que no debe cruzarse. No hay justificación creativa para la manipulación y el abuso de un ser humano. Eso es simplemente crueldad. Cualquier actor sabe llegar a lugares difíciles si el director le demuestra respeto y sensibilidad frente al material que están tocando. Es cierto que les puede proponer ejercicios para que la imaginación vaya más allá, pero siempre y cuando les haga sentir protegidos".



