Con los brazos abiertos acoge Ferrol (Galicia) a Pancho
Varona (Madrid, 1957) con un aluvión de comentarios positivos hacia su figura
en las redes sociales. El autor de grandes clásicos de la música española,
como No me importa nada para Luz Casal o Ruido para Joaquín Sabina (entre
muchísimas otras), actúa en La Room donde derrochará la misma simpatía que en esta
entrevista.
….
—¿Pero tiene una vinculación personal con Galicia?
—Cuando nos quedamos huérfanos de padre, nos pasábamos tres
meses del año en A Coruña con nuestra familia gallega. Allá íbamos mi madre, mi
hermana Gloria y yo. Prácticamente nos adoptaron, éramos 13 personas en una
casa durante todo el verano. Aquello era una fiesta y desde entonces siento
devoción por la tierra gallega, su comida, su folklore. Aquí toco ocho veces al
año. Estoy escribiendo una canción que se titula Echaré de menos,
en la que hablo de los bosques gallegos.
…
—Aún hay muchos fans que desconocen que usted es el autor de «No me importa nada».
—Mucha gente se sorprende. De los 200 que van a un concierto
solo lo saben cincuenta. Otros se enteran en ese momento, es muy bonito contar
anécdotas de mis canciones en los propios conciertos. Al público le cuento la
historia de cada tema. No me importa nada la compuse junto a
mi hermana Gloria y Manolo, el guitarrista de Viceversa. Gloria y yo la
pensamos para Ana Belén, pero ella acababa de grabar un disco así que se la
presenté en el estudio a Luz Casal. Le dije que era el guitarrista de Sabina,
le di la casette con mi teléfono dentro. En un principio, me contestó que ya
tenía su disco terminado pero al escuchar la canción me llamó corriendo para
incluirla. De las canciones para Luz me llegan derechos de hasta Hong Kong y
Japón, de las de Sabina de Latinoamérica y Europa.
—¿Cómo es la época post Joaquín Sabina?
—Muy feliz, esa historia me cargó las pilas. Tenía abandonada
la composición y ahora compongo como un poseso, a principios de año grabaré en
Asturias. Hago más conciertos que cuando estaba con Joaquín, si me quejase
sería un miserable. Me fastidia que acabó feo, él terminó por correo
electrónico. Aún así salí reforzado, viajo más y soy mi jefe (risas).
—¿Cómo recuerda esos 40 años con Sabina?
—Con agradecimiento, todo lo que sé y soy se lo debo a él.
Gracias a trabajar con él dejé la oposición que preparaba al Ministerio de
Defensa (risas).
—Usted demostró que una ruptura puede ser elegante.
—Yo intento que haya el menos barro posible, fue maravilloso
trabajar y componer canciones con él. Pero no me gustó su forma de terminar. En
un correo muy escueto, Joaquín me dijo que lo nuestro no era una crisis sino
un divorcio. Al
menos nos quedaron las canciones en custodia compartida.
…
—¿Con quién quiere tocar?
—Con Andrés Calamaro, es amigo y una de mis devociones. Una
vez le pedí tocar con él y elegantemente no me contestó. Otro día me mandó una
letra, él es caos y Joaquín la medida perfecta. Pero me encantaría tocar con
él.
Tomado de La Voz de Galicia / España.