- Acabamos con el tigre de Tasmania hace casi 90 años,
pero ahora hay quien quiere devolverlo a la vida
- El avance más grande se ha dado tras descubrir una
cabeza bien conservada que había estado en el fondo de un armario durante
más de un siglo
Alejandro Alcolea
Tasmania es
una pequeña zona insular de Australia conocida por dos cosas: el diablo
de Tasmania (que nada tiene que ver con el de los dibujos animados) y el
tigre de Tasmania. El primero es interesante porque es el marsupial carnívoro
más grande del planeta. El segundo, porque es otro marsupial enorme que se
consideró extinto en 1936.
Ahora, una cabeza extremadamente bien conservada encontrada en el fondo de un armario puede tener la clave para revivir a este tigre de Tasmania. Aunque es más fácil decirlo que hacerlo.
Una triste
historia. El tigre de Tasmania, también llamado lobo de Tasmania, era un
marsupial. Uno espectacular que podemos apreciar en la actualidad gracias al
escaso material filmado en el zoológico Hobart de Tasmania. Desgraciadamente,
ya no está entre nosotros y, como en tantas ocasiones, tenemos algo de culpa.
El tigre de Tasmania fue desapareciendo de la Australia continental antes de la
llegada de los europeos, pero aún había una importante población en la isla de
Tasmania.
Los nativos
de Australia los cazaron y, en Tasmania, los colonos los culparon de las
muertes del ganado, por
lo que empezaron a ofrecerse recompensas por su caza. La competencia con los
perros —también introducidos por los colonos— y la caza de las especies que
eran sus presas pusieron la guinda del pastel. Los últimos ejemplares fueron
uno que cazó un granjero en 1930 y otro que murió por negligencia en el
zoológico de Hobart en 1936, donde se grabaron algunos vídeos.
Traerlo de
vuelta
Se declaró
como una especie extinta, pero desde entonces nos hemos empeñado en traerlo a
la vida. ¿Cómo? Mediante recompensas millonarias para todo aquel que encontrara
un ejemplar (nunca se cobró ninguna) y con un proyecto de
clonación en 1999. El problema, uno de ellos, era que el material genético de
los ejemplares preservados estaba demasiado degradado como
para poder utilizarlo.
En 2017, un
equipo de la Universidad de Melbourne reabrió el proyecto secuenciando con
éxito el genoma de la especie y creando un completo mapa genético. Descubrieron que
el tigre de Tasmania tenía un sistema inmunológico débil y, si hubiera
sobrevivido, se habría enfrentado a las mismas dificultades ecológicas que el
diablo de Tasmania, que está vivo, por otro lado.
La cabeza
Ahora, las
tornas pueden cambiar debido a un descubrimiento inesperado:
una cabeza con tejido blando en perfecto estado. Como podemos leer en The
Guardian, los investigadores del laboratorio de restauración genética
integrada del tilacino de
la Universidad de Melbourne (un departamento enfocado
exclusivamente en la investigación sobre este animal) pensaban que era
imposible encontrar algo así, pero lo hicieron.
"Era
literalmente una cabeza en un jarro con etanol. Estaba en la parte trasera de
un armario y había sido olvidada ahí, con la piel retirada, desde hace unos 110
años", comenta Andrew Pask, líder del laboratorio. Afirma que "es
bastante repugnante, una visión macabra, ya que la gente había cortado grandes
trozos", pero más allá de la estética, se trata de algo con muchísimo potencial.
La cabeza
encontrada
"Milagro" La
cabeza apareció hace un año y, desde entonces, el equipo ha seguido trabajando
descifrando el mapa del genoma del animal. El motivo es que contiene material
como secuencias largas de ADN, pero también largas moléculas de ARN, cruciales
para reconstruir el genoma de un animal extinto, algo que Pask describe como un
milagro. Además, ha permitido que el equipo avance más rápido de lo esperado
gracias a esta cabeza.
"Estamos
más avanzados de lo que pensé que estaríamos. Hemos completado muchos pasos que
creíamos que serían muy desafiantes y que otros calificaban como
imposibles", afirma.
El ARN. El
ADN es importante, claro, pero el ARN fue la verdadera sorpresa para el equipo.
Es mucho menos estable que el ADN y varía entre los tejidos, por lo que tiene
la información para que un tejido concreto funcione correctamente. En el caso
de la muestra encontrada, los investigadores obtuvieron información relacionada
con la nariz, ojos, lengua y tejidos faciales del animal, así como una visión
al funcionamiento del cerebro para descodificar los datos del sabor, olfato o
visión del tigre de Tasmania.
Los vídeos
con dibujos animados explicando por qué traer de vuelta al tigre de Tasmania
son tan ‘Jurassic Park’…
Toqueteando
la genética
Financiando
todo esto se encuentra Colossal, una
empresa de biotecnología ubicada en Texas que se dedica a la "desextinción
y preservación de especies" que no sólo está tratando de devolver a la vida al
tigre de Tasmania, sino también
al dodo o al mamut
lanudo. La financiación es de 235 millones de dólares y afirman que es el
mayor paso en esta carrera por devolver a la vida al animal, ya que la muestra
tiene sólo 45 vacíos en un plano genético de unos 3.000 millones de piezas de
información.
Para cuándo.
Esa es la gran pregunta, llegados a este punto. Pask comenta que "el
primer ser con apariencia de tilacino" podría nacer en tres o cinco años,
pero no lo llamarían, directamente, "tilacino" Cree que podrían crear
su cráneo, las patas e incluso las rayas de la espalda, pero que aún hay cosas
que no saben hacer.
El
objetivo, de la manera que sea, es hacer un tilacino real, no un animal
híbrido, aunque para ello tienen que tomar células madre de una especie viva
con un ADN similar al del tigre de Tasmania. Un candidato es el ratón de cola
gorda, otro marsupial mucho más pequeño, pero que permitiría una primera
aproximación a un ejemplar similar al tilacino.
Escepticismo
En el lado
menos entusiasta, están los que miran todo esto con recelo. Euan Ritchie es
profesor de ecología y conservación de vida silvestre en la Universidad de
Deakin y, si bien comenta que ve bien el programa porque puede ayudar a
especies en peligro, duda sobre el proyecto de Pask.
"Creo que, probablemente,
tendremos un animal parecido a un tilacino, pero no será realmente un tilacino.
La pregunta es qué se hará después. Por ejemplo, cómo se comportará en la
naturaleza y qué efecto tendría en el ecosistema. No tenemos ni idea de qué
pasará porque no hay tilacinos vivos y no tendrá otros animales similares de
los que aprender", comenta Ritchie.
Considera
que ese es un desafío tan grande como el propio reto genético y, además, se
pregunta por qué tantos fondos para revivir especies cuando hay miles al borde
de la extinción. Al final, se trata de un esfuerzo, sobre todo, privado, y todo
parece indicar que tanto Colossal como la Universidad de Melbourne seguirán los
pasos para resucitar al tigre de Tasmania. O a algo similar.
Tomado de XATAKA.
