Por Douglas Zabala / Opinión
En Cuanto al giro tomado por la política venezolana en los
últimos días; la misma obedece al hecho cierto de que, Venezuela amaneció este
año con una nueva Asamblea Nacional, donde al margen de su legitimidad o no,
designa un nuevo CNE y con ello liquida de un tajo, el paralelismo
institucional, iniciado por Juan Guaido, cuando se autoproclamó “presidente
encargado” de la república.
Que Guaido y el G4 hayan resuelto volver al camino de la negociación, y la vía pacífica, democrática y electoral, es una buena señal para el país, y en especial para la oposición; pero es evidente que, al propio Guaido no le será fácil, esconder la derrota que ha sufrido su propuesta, del cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.
La renuncia de Simonovis, evidencia de cómo en el seno del G4
siguen vivitos y coleando los factores extremistas y radicales de la oposición,
que le cobrarán muy duro a Guaido sus ofrecimientos incumplidos, y el giro dado
en menos de lo que canta un gallo, convocando a un gran movimiento de salvación
nacional y, a una nueva negociación, con quien ya va para nueve años gobernando
desde Miraflores.
Podrá Guaido salir airoso en este nuevo giro político y
salvarse como líder. Dependerá de él. Si Guaido asume con valentía que ha
errado, y ha tenido que poner en revisión todo su discurso; y de sobre manera,
en cuanto a su llamado a la abstención, es evidente que se mantendrá como un
importante líder de la oposición.
Si no lo hace, y junto a quienes dentro del G4 insisten en
sus erráticas políticas, seguirá perdiendo fuerza como ha venido sucediendo
hasta ahora. Y esto no son meras elucubraciones tendenciosas; de acuerdo a
todos los muestreos de opinión, por desgracias para él, su gestión como
“presidente encargado” se encuentra en niveles de rechazo tan preocupantes que
pudieran terminar acercándose a los de su desconocido presidente.
Guaido intenta jugar billar a dos bandas. Por un lado, invita
a Maduro a sentarse a negociar; a pesar de que, ahora todas las opciones no las
tendrá sobre la mesa. Y por el otro, invita a conformar un gran
Movimiento de Salvación Nacional, pero todavía mirando con mucha rémora a la
otra “Alianza Democrática” opositora.
Podrá asimilar Guaido que, hoy los tiempos constitucionales
indican la ruta ya emprendida por el nuevo CNE. Y que después de las elecciones
pautadas para el 21 de noviembre, vendrá la oportunidad de impulsar el
Revocatorio, a quien, hasta el día de hoy, es visto por él, no como el real y
verdadero presidente de la república, sino como su vencible usurpador.
Además, tendrá la suficiente paciencia para soportar el hecho
de que, si no salimos victoriosos en el referéndum, debemos esperar las
elecciones presidenciales del 2024 tal como corresponde de acuerdo a lo pautado
por nuestra constitución.
Por último, estará dispuesto Guaido y quienes se agrupan en
la órbita del G4 a tender puentes de negociación y conciliación con las 26
organizaciones políticas de oposición, integradas en la nueva Alianza
Democrática; para entonces, sin descalificaciones ni inútiles diatribas,
conformar de verdad esa Gran Alianza de Salvación Nacional.
De esta nueva jugada en la confrontada oposición,
dependerá el futuro de los próximos escenarios políticos. Lo decidirá
quien tiene el taco en la mano, y por ahora, es evidente que el turno es de
Guaido.
