«La derecha está haciendo su batalla cultural antiprogresista»

- Por Martín Massad
- Pablo
Stefanoni es Doctor en Historia (UBA) y Jefe de Redacción de la
revista Nueva Sociedad. Además, es investigador en el Centro
de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI) y
docente en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Publicó varios
trabajos sobre la historia de la izquierda, entre ellos el libro Los
inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una
Bolivia en crisis (1925-1939) y, en coautoría con Martín
Baña, Todo lo que necesitas saber sobre la Revolución Rusa,
entre otros. Su último libro, de publicación reciente, es ¿La
rebeldía se volvió de derecha? (Siglo Veintiuno Editores, 2021).
Fue corresponsal de Página/ 12 y Clarín en
La Paz (Bolivia) y se desempeñó como director de la edición boliviana
de Le Monde Diplomatique.
- AGENCIA
PACO URONDO: ¿Cómo surge la idea de tu último libro La rebeldía se
volvió derecha?
- Pablo
Stefanoni: En general, siempre había escrito sobre la izquierda. Sin
embargo, en el último tiempo empecé a interesarme por algunas facetas de
las derechas a escala global. Sobre todo, las facetas más transgresoras de
las nuevas derechas alternativas que, con el triunfo de Donald Trump,
tomaron mucho vuelo en el plano internacional. De hecho, su discurso no
tenía mucho que ver con el clásico discurso de la derecha que conocíamos,
en tanto aparecía como antisistema, transgresor, capaz de atraer a algunos
jóvenes que se presentan como de derecha de manera mucho más explícita que
antes. Por supuesto, siempre hubo derechas juveniles, pero me interesaba
profundizar sobre lo que tenían de nuevo estas derechas frente al neoconservadurismo
de Ronald Reagan y Margaret Thatcher de los 80 o el neoliberalismo de los
90. En este punto, entonces, noté que había ciertas diferencias que valía
la pena indagar.
- APU:
A su entender, ¿la rebeldía de la nueva derecha tiene alguna premisa
concreta?
- P.
S.: En el libro voy desde cosas muy minoritarias hacia algunas que se
están disputando políticamente, depende de los casos. Es un mundo muy
heterogéneo: por un lado, en Europa no hay ningún país que no tenga
fuerzas de extrema derecha en los parlamentos y el espacio público.
España, por su parte, fue uno de los últimos en incorporarse con la
presencia de Vox desde 2018.
- En
todos los casos, la extrema derecha, más allá de ganar o no las
elecciones, tiene un efecto muy fuerte sobre el discurso político y sobre
el debate público. Esto lo vimos en las últimas elecciones en Madrid, con
Vox, que si bien estaba muy lejos de ganar esa elección, su presencia
alteraba muchas cosas en ese debate. Es decir, introducía una campaña
xenófoba, corría muchas veces a la derecha el discurso y no sacó más votos
porque la candidata del Partido Popular ya estaba muy ubicada a la derecha
y le bloqueó un poco el camino.
- Creo
que en este mundo coexisten las derechas muy utópicas y posiblemente
marginales y otras que tienen más chances de crecer en votos y mover la
vara de lo que se discute. En otras palabras, apuntan a transformar la
conversación pública sobre la política.
- APU:
En Argentina, ¿considera que los representantes de la derecha tradicional
toman parte del discurso de la nueva derecha para captar votos?
- P.
S.: Exactamente. Las derechas tradicionales tienen el dilema de cuánto
girar a la derecha para evitar que le surjan fuerzas a su derecha, como el
caso de Vox en España, o acá en Argentina, Patricia Bullrich, que con un
discurso más a la derecha frena un poco eso. Es decir, alguien que se
siente de derecha, en lugar de votar a una fuerza chica como la de Milei,
prefiere votar a Bullrich, y de paso, en el medio de la polarización, su
voto va contra el peronismo, el kirchnerismo o lo que sea. Sin embargo, para
esas fuerzas, el riesgo recae en que, si se corren mucho hacia la derecha,
también pueden perder el espacio más moderado de centro-derecha que
siempre está presente entre el resto de las fuerzas. Es decir, es un
dilema que depende mucho de los contextos electorales de cada país. Ahora,
en Madrid, el Partido Popular se corrió a la derecha y ganó con una
mayoría importante. En otro momento, cuando se corrieron a la derecha, les
surgieron fuerzas por el centro.
- Con
el libro, más allá de los resultados electorales, me interesaba mostrar
cómo jugaban su batalla cultural en muchos niveles. De pronto, en ciertos
espacios como internet, que no miramos tanto desde el
progresismo, hay todo un mundo que está disputando el sentido común del
momento y haciendo su batalla cultural antiprogresista.
- APU:
¿Cómo analiza la disputa en la sociedad entre la derecha más a la derecha
y la izquierda a nivel cultural?
- P.
S.: Hay una idea de batalla cultural en el sentido de que la izquierda
ganó más en el terreno de la cultura que en el de la economía, mientras
que la derecha pareciera haber abandonado ese espacio, y entonces aparece
gente como Agustín Laje, con muchos seguidores en internet, que se prepara
y aspira a ser una especie de Gramsci de derecha que quiere dar la batalla
por la hegemonía. Lo del marxismo cultural se ve como una suerte de teoría
de conspiración, ya que como está planteado, toma un aspecto real, es
decir que a la izquierda le fue mejor en la batalla cultural que en la
económica, y tiene más influencia en ese sector. El marxismo cultural les
permite, sobre todo, volver a plantear un discurso anticomunista que es
muy común en las nuevas derechas. Esto es bastante notable porque después
de la caída del Muro de Berlín, el discurso anticomunista había perdido vigencia
simplemente porque había caído el comunismo.
- Hoy
vemos que vuelve en todos los países: por ejemplo, en las últimas
elecciones en Madrid. Isabel Díaz Ayuso, la candidata del Partido Popular,
planteó la elección en términos de comunismo o libertad. En Brasil, el
anticomunismo fue muy fuerte en el triunfo de Bolsonaro, y acá mismo, en
Argentina, se habla de un gobierno soviético. Por lo tanto, vuelve el
discurso anticomunista y creo que es una marca de la época bastante
curiosa porque, por momentos, prende ese discurso anticomunista y para eso
hay que construir un mundo bastante imaginario de lo que es hoy el
comunismo. El marxismo cultural, entonces, funciona en estos casos
como la ideología de género que estas derechas utilizan en el debate público.
Es decir, la ideología de género funciona parecido, es decir, juntar un
montón de autoras y de ideas y llamarlas “ideología de género”. Esto
funciona para dar esa batalla antiprogresista que une gente de distintas
derechas pero que tiene como enemigo común y principal al progresismo.
- APU:
En su libro cita a Ricardo Dudda, que sostiene que la derecha es una forma
de inconformismo contra lo establecido, en el sentido que sostienen que le
arrebataron a la gente la posibilidad de quejarse, etiquetando las críticas
como racistas, misóginas y homofóbicas. ¿Cuál es su postura al respecto?
- P.
S.: Lo que sucede hoy es que esta moda de que la derecha se presenta con
políticamente incorrecta y reivindica la incorrección política es una
forma de pasar una serie de mensajes racistas, homófobos a veces,
misóginos, etc., y cuando se les señala el contenido racista de su
discurso, se defienden diciendo que es la dictadura de la corrección
política que no los deja hablar y en la que no se puede decir nada.
Obviamente que hay un debate sobre la corrección política, incluso en el
progresismo, pero otra cosa es esta forma de incorrección política de la
derecha que justifica y le da legitimidad a un conjunto de discursos
reaccionarios.
- Por
ejemplo, uno de los carteles más exitosos de la campaña de Vox en Madrid
era contra los inmigrantes menores no acompañados (MENA), un grupo de
chicos que reside en España sin sus padres, y a los que Vox atacó muy
fuerte, mencionando que mientras se gastan euros en ellos, los jubilados
españoles no tienen plata; esto lo hacían a través de una foto bastante
impactante donde había una persona jubilada junto a uno de estos menores.
Efectivamente esos discursos están ahí, pero ahora es como que la
incorrección política justifica cualquier tipo de discurso, usando la
«dictadura de la corrección política» como resguardo de su opinión.
- Ahora
bien, desde mi punto de vista, hay cosas que no se pueden decir, como, por
ejemplo, un discurso racista en público o en una campaña electoral.
Efectivamente, en el progresismo hay una deriva, sobre todo en la cultura
progresista norteamericana de los campus universitarios, que es muy
moralista y acusatoria, que construye ciertos sermoneos que tiene sus
problemas. Creo que a veces el progresismo lo discute y lo toma, pero habría
que ver cuánto lo toma en cada país. En Estados Unidos, por ejemplo, eso
es un problema, sobre todo en los campus universitarios, donde hay un gran
debate sobre cómo se construye la idea de víctima, cómo pensar la propia
corrección política o la idea de que ciertos discursos generan traumas en
las propias víctimas. Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos el
discurso está muy atravesado por cuestiones religiosas, con un imaginario
muy difuso que viene del protestantismo, de la idea de pensar al racismo
como pecado original de ese país.
- APU:
Según Adolph Reed, los progresismos se dedican a ser testigos
del sufrimiento. Desde su punto de vista, ¿considera que los progresismos
están fallando en su conducción?
- P.
S.: Ese autor es muy crítico en cuanto a cómo se piensa la cuestión racial
en Estados Unidos. Efectivamente hay una crítica, que también está en los
movimientos progresistas, sobre cómo ciertas opresiones y sufrimientos se
vuelven capital académico. Mucha gente, desde el progresismo, se dedica a
estudiarlo desde la academia y se debilita la propia idea de política y de
cómo enfrentarlo políticamente. Allí se construye entonces una idea de
víctima y de cómo preservar a estas personas, y de los campus como espacio
de seguridad donde se reduce lo que se puede decir, etc. Hay una idea de
proteger a cierto sector de la sociedad que a transformar las propias
relaciones de opresión y cambiar aspectos del sistema.
- Enzo
Traverso también decía que el auge de la memoria que vivimos en el
presente recupera mucho más a las víctimas que a las luchas, es decir, se
recupera mucho más a las víctimas de la esclavitud, del machismo, del
racismo, del holocausto, pero se recuperan menos las luchas. Es un tema
complejo en un contexto donde el progresismo parece haber perdido una
potencia emancipatoria o para transformar la realidad, y muchas veces el
propio progresismo termina añorando el pasado. No se trata de que el
progresismo no gana más elecciones ni tiene más poder, sino que perdió
esta dimensión más transgresora y revolucionaria.
- APU:
¿Cree que la izquierda puede disputar el sentido en las redes sociales o
habría que construir desde otra plataforma?
- P.
S.: Hay algunas izquierdas exitosas en ese terreno. Por ejemplo, en
Estados Unidos, en los últimos tiempos, parece haber una izquierda
bastante dinámica, y esto quizás es una paradoja, ya que es el único lugar
donde hay una socialdemocracia entusiasta que también fue capaz de usar
las redes sociales. Alexandria Ocasio-Cortez fue muy hábil para
posicionarse y dar una disputa desde las redes sociales. Estados Unidos es
un caso interesante porque es el único país donde existe una izquierda con
cierto dinamismo, incluso entre los jóvenes.
- Es
verdad que hay un tema que refiere a cómo posicionarse en ese mundo
virtual donde muchas veces el troleo y el anonimato son formas que parecen
beneficiar más a la derecha. El segundo punto importante es cómo procesa
la izquierda, el progresismo, el humor, la ironía, y es ahí donde la
corrección política puede ser un límite. Cómo responder también desde el
plano del humor, utilizándolo como herramienta para dar una disputa
política cultural más amplia.
- APU:
¿Considera que debería haber un nuevo modelo sindical en este nuevo
panorama mundial?
- P.
S.: En líneas generales, los sindicatos, en todo el mundo, quedaron un
poco atrás en muchos aspectos, incluso muchas veces fuera de las olas
feministas que están cuestionando garantías de género en la sociedad. En
segundo lugar, respecto a lo que algunos llaman el precariado, como una
forma de denominar al nuevo proletariado, una forma de trabajo que está
lejos de las formas de trabajo que conocíamos. Hoy los sindicatos no
representan a ese precariado, entonces posiblemente sea necesaria una
ampliación de lo que se entendía por representación sindical, por
activismo sindical, si es que los sindicatos quieren seguir dando una
batalla más allá de la representación corporativa de ciertos sectores. En
algunos casos, estos pueden seguir siendo fuertes porque son importantes
en la economía, mientras que en otros casos se van debilitando, y cada vez
menos gente piensa en afiliarse a un sindicato como una forma de defender
sus derechos laborales y sociales.
- APU:
En su libro aparece la frase: “la derecha es punk y la izquierda es
puritana”. ¿Cuál es el contenido de la rebeldía de la derecha?
- P.
S.: Creo que efectivamente hay un problema de contenido. Un filósofo
francés mencionaba que hay un hipercriticismo sin idea de emancipación.
Muchas veces la crítica social tenía horizontes emancipatorios, que podían
ser socialistas, liberales en distintos aspectos, pero hoy hay un
hipercriticismo en las redes sociales, es decir todo el mundo critica al
sistema, a los políticos, etc. Todo está muy disociado de una idea de una
sociedad mejor. Creo que muchas de esas derechas capturan esos enojos,
insatisfacciones, temores al futuro, la idea de que los inmigrantes te van
a reemplazar, que la tecnología nos va a dejar sin trabajo, etc. Es decir,
hay una idea de futuro muy negativa y es muy difícil para el progresismo,
incluso para el liberalismo democrático, dar una batalla política cuando
la idea de futuro para una gran parte de la sociedad es muy negativa y
muchas veces distópica.
- En
Europa, las extremas derechas son más estables y obviamente también van
cambiando sus programas en relación a las chances que tienen de llegar al
poder. Cuanto más cerca de llegar al poder, van dejando de lado algunas
banderas. Se ve con la extrema derecha que proponía salir de Europa, y hoy
muchos partidos ya no lo proponen. Entonces, en muchos casos, esas
extremas derechas se van volviendo más pragmáticas.
- Hay
de todo, desde partidos que forman partidos, hasta formas como en el caso
argentino, donde todavía no está claro si todo este movimiento libertario
se va a diluir y va a ser simplemente algo temporal, o va a lograr un
pequeño piso de votos y va a estabilizarse un poco como algo a la derecha
del PRO. Es algo que no está claro ni es fácil para ellos tampoco, y esto
es algo novedoso en Argentina, donde hubo derechas que se presentaban de
manera más moderada en el debate público.
- Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/pablo-stefanoni-la-derecha-esta-haciendo-su-batalla-cultural-antiprogresista