Las mascarillas faciales no protegen del todo a una pareja
que se atenga a ellas a la hora del sexo, pues por la dinámica de las
relaciones sexuales pueden aumentar las secreciones respiratorias y escaparse
fuera del implemento.
Las dudas sobre el sexo en medio de una pandemia por el
covid-19 abundan. ¿Por qué el virus no se transmite vía penetración pero sí con
los besos? ¿Tener sexo con la mascarilla puesta evita el contagio? ¿Cómo ha
incidido la crisis en los apps de citas como Tinder y Grindr? ¿Cuál ha sido la
reacción de la industria porno?
Yuri Lorena Jiménez. Foto: Shutterstock
Podría sonar banal hablar de preocupaciones relacionadas con
el sexo justo cuando el planeta entero se encuentra en jaque por el hasta ahora
imparable nuevo coronavirus, pero el tema simplemente se ha impuesto en la
agenda de medios de comunicación de primer orden en todo el mundo por una razón
que parece obvia: el sexo es intrínseco a la vida, al menos a la vida de una
inmensa mayoría de la población mundial.
Los escenarios varían según cada persona, pero hay una
diferencia entre las dudas que pueda tener la gente que está una relación de
pareja monógama y quienes suelen recurrir al sexo casual e informal, es decir,
sin exclusividad.
Se supone que una pareja de convivientes podría contagiarse
el uno al otro, en caso de que alguno dé positivo con el nuevo coronavirus, al
margen de que tengan sexo o no, pues según la Organización de la Salud (OMS),
el covid-19 puede propagarse de persona a persona a través de las pequeñas
gotas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona
infectada tose o exhala. Estas gotas caen sobre los objetos y superficies que
rodean a la persona, de modo que otras personas pueden contraer la enfermedad
si tocan estos objetos o superficies y luego se tocan los ojos, la nariz o la
boca. También pueden contagiarse si inhalan las partículas que haya esparcido
una persona con covid-19 al toser o exhalar. Por eso es importante mantenerse a
más de un metro de distancia de alguien que se encuentre enfermo.
Del comunicado de la OMS en el que define claramente cuáles
son las formas de contagio se deduce – tal como lo han ratificado expertos en
todo el mundo– que los fluidos sexuales no son transmisores por sí solos, de la
enfermedad.
En cambio, el caso de quienes tienen una o varias relaciones
casuales, e incluso el de quienes están en el proceso de conocer a otra persona
con fines de tener un noviazgo y hasta un matrimonio, la crisis sanitaria las
ha forzado a un “amor en pausa”, según testimonios recopilados por la prensa
alrededor del mundo.
No fue si no hasta los últimos días que el tema se ha puesto
en la palestra, quizá porque ya se ha ido asumiendo la pandemia como una
realidad y ahora es cuando empezaron a analizarse los asuntos colaterales que
el covid-19 ha afectado, básicamente, la vida como la conocemos, sexo incluido.
Como se dijo, el tema de las parejas monógamas está
prácticamente resuelto, siempre y cuando no exista infidelidad por parte de una
o las dos partes, pero ya eso es otra historia, aunque esta información sí
podría ser de mucha importancia para los infieles, quienes podrían adquirir el
nuevo coronavirus de sus relaciones paralelas y, por ende, llevarlo a sus casas
y familias.
El caso de Ana Catalina, abogada costarricense de 39 años y
quien hace cuatro años se divorció de quien fuera su esposo durante una década,
es un ejemplo típico del súbito frenazo de sus relaciones, ya fuera con amigos
habituales o con prospectos con los que llevaba tiempo coqueteando y estaban
presupuestados para tener una cita, posiblemente con final en cama, en las
próximas semanas o meses.
La Nación / Costa Rica
