Los desafíos
de Alberto Fernández en materia económica
El próximo
gobierno tendrá la misión de retomar el crecimiento cuanto antes y dar
respuesta a la problemática social, recuperando los márgenes de soberanía y el
rol regulador del Estado.
El balance
que presentó el actual ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, no
hace más que dejar en evidencia la magnitud de los desafíos que deja este
gobierno.
Hacia el
final de una nota en La Nación (27/11/19), “Luces y sombras
de la herencia que dejamos”, lo resume todo. Allí habla de una “«cosecha»
negativa por la inercia productiva y social (actividad, empleo, pobreza,
inflación)”, y de una “«siembra» positiva por la mejor plataforma macro”.
Respecto de esto último habla de un “equilibrio fiscal primario, menos
impuestos, equilibrio externo, tipo de cambio competitivo (…)”. También
sostiene que la deuda “es más un problema de liquidez (concentración de
vencimientos) que de solvencia (tamaño de la deuda y capacidad de repago)”. Un
tema a discutir.
Si bien
comienza pidiendo no evaluar la gestión “con prisma partidario”, lo que queda
bien claro es que hay un intento deliberado de sacarse de encima las
responsabilidades por lo hecho, para tratar de transformarse en
auditores de lo que pasará de aquí en adelante. Pero el problema es que no
sólo la “cosecha” es mala, sino que lo que dejan es un terreno absolutamente
anegado.
El discurso
que subyace es totalmente discutible de entrada, ya que pone en igualdad de
condiciones la mala cosecha productiva y social con los supuestos equilibrios
macroeconómicos. ¿Vale acaso lo mismo reducir, para poner un ejemplo, un punto
porcentual el desequilibrio fiscal primario que un punto porcentual del
desempleo o la pobreza? ¿Cómo medir el impacto para el país de la insuficiencia
alimentaria severa que sufren los menores de edad? Una hipoteca intangible que
los números fríos no pueden registrar.
Los últimos
datos de la producción industrial indican que ya se llevan 17 meses de
caídas interanuales (-5,1 por ciento en el mes de septiembre último).
El sector de la construcción también acumula un año de caídas en su actividad.
La casi inexistencia de crédito hipotecario, con la importante carga de los
créditos UVA, y las tasas de interés que aún se encuentran en niveles
excepcionalmente altos, constituyen un combo fatal al que se le suma la
consecuente parálisis de los proyectos inmobiliarios a la espera de tiempos
mejores.
En materia de
empleo se habla de que “no hubo una destrucción neta de puestos de trabajo”,
aunque no alcanzó para albergar a la población activa que se fue incorporando,
lo que explica el aumento del desempleo. El propio ministro dice
que “buena parte de los puestos se crearon en el sector informal y
cuentapropista”. Pero para Lacunza el problema es “la disociación entre la
regulación vigente y la realidad del mercado de trabajo”. Según esta visión, se
precisaría una gran desregulación laboral para resolver el problema del
trabajo.
En cuanto a
los supuestos “equilibrios macroeconómicos”, hay que decir que no son tales. El
gobierno deja un país muy condicionado por el tema de la deuda, altamente
concentrada en el corto plazo, y mayoritariamente en dólares. En la
Argentina de hoy el problema no es sólo de liquidez, también es de solvencia.
Y quienes siguen insistiendo en ajustar la economía, sólo lograrían afectar la
capacidad de repago. Por el bien del país, el próximo gobierno tiene una
estrategia totalmente distinta.
Respecto del
intercambio comercial, la foto que se muestra también es engañosa. Si bien el
saldo de la balanza ha pasado de ser deficitario a marcar un moderado
superávit, éste se debe prácticamente en su totalidad a la fuerte caída
de las importaciones, presente desde mediados del año pasado. Es fruto de
la recesión económica y de su impacto en la demanda de bienes e insumos
importados, que tenderá a subir cuando comience a retomarse el crecimiento,
otro desafío a encarar. En materia fiscal, el equilibrio se traduce en
desbalance claro si se contemplan los intereses de la deuda, que aumentaron
sensiblemente en estos años. De hecho, en los 10 primeros meses de 2019 se
obtuvo un superávit fiscal primario de 31.419 millones de pesos, pero los pagos
por intereses de la deuda llegaron a los 551.757 millones de pesos, un 88,7 por
ciento más altos que en igual período de 2018.
Se precisa retomar
el crecimiento cuanto antes y dar respuesta a la problemática social,
recuperando los márgenes de soberanía y el rol regulador del Estado. Los
desafíos no son pocos y la coyuntura demanda decisiones importantes.
* Presidente
Partido Solidario.
Tomado de Página
12 / Argentina.
