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LA DESGRACIA DE VENEZUELA


La desgracia de Venezuela es en gran medida producto de una clase media de los años 80 y 90 con delirios de grandeza. Una clase media “mojoneada” con la idea de ser “ricos de primer mundo” cuando eran en realidad trabajadores de una economía emergente. Una clase media que se creyó abusada y engañada por una democracia que luchaba con el desgaste normal de un sistema con 40 años y con una mono-producción basada en un petróleo por los suelos. Duele decirlo, porque son los padres de uno, pero la realidad es que la generación criada en la "Venezuela Saudita" la generación del "Ta barato dame dos" no tuvo ni la altura moral ni las bolas necesarias para soportar el costo social y económico de una mala época y corregir el rumbo del país institucionalmente.
Prefirieron quemar las naves y crucificar al sistema. Prefirieron votar por un militar golpista y asesino que trajo, como no podía ser de otra forma, una dictadura militar y asesina. Una generación más preocupada por recorrer las tiendas de Miami que por recorrer el monstruo que se formaba en Petare y en los nacientes “cinturones de miseria” por todo el país. Una generación más preocupada por el poder político, económico y social, que por el futuro. Una generación que se rehusó a aceptar sacrificios, que consideró impagable el “paquetico” económico de Miguel Rodríguez. Paquete que ahora da risa, confrontado con la realidad actual de un 2000% de inflación.
La clase media - que en ese momento en Venezuela era verdaderamente poderosa - le dió la espalda a Copei y a AD y los crucificó al grito de "corruptos". Inmolaron al Estado. Consideraron que la república y sus políticos eran “insalvables” que la gangrena era incurable y que había que amputar. Y le abrió el camino al “chiripero” de Caldera, a aquellos fracasados que nunca alcanzaron el poder por ser radicales o incompetentes y que estaban dispuestos a gobernar a cualquier precio, así fuera entre las ruinas de la República. Reyes entre los escombros de un país, entre la basura, entre los restos de una democracia: las cucarachas de la política. Los soberanos de la nada.
Y posteriormente, esa misma clase media apoyó a Chávez. Apostó por el sueño húmedo de ser dominada por un “hombre fuerte” olvidando las lecciones de sus padres, supervivientes de la dictadura militar, que miraban con horror a un “en-galonado” llegar a Miraflores. Tuvo el chavismo quizás más votos de la clase media en su primera candidatura del 98, que de los sectores populares. Y no fueron solamente votos. Fue poder económico y apoyo comunicacional. Fue la clase media quien sacrificó a los partidos tradicionales abriendo las puertas a la barbarie, quién los ridiculizó en La Rochela, quién los inmoló en las páginas de El Universal y El Nacional, quién los flageló a diario en las ondas radiales.
Una generación que usó todo el poder que tenía: mediático, político, social y moral, para condenar a los partidos, para acabar con La República de Venezuela. Ahora son sus hijos los que pagan con sangre, miseria y destierro, el precio de la libertad.
Esta es una generalización. Y como toda generalización es odiosa y es imprecisa. Inexacta. Cierto es que no todos los venezolanos de esa generación participaron - por obra o por omisión -  en la destrucción del sistema político y del pacto social. Hubo quienes estuvieron en contra de Chávez desde el principio. Hubo quienes pronto se percataron de su error. Pero lo que es innegable es que aún hay tiempo para que TODOS los de esa generación puedan redimirse.
En casi 100 días de protestas hemos perdido a más de 90 ciudadanos. La mayoría chamos. Todos ellos valientes. Todos ellos demócratas. Estos niños, estos jóvenes, pasarán a la historia como la generación Gloriosa. Su sacrificio no ha sido en balde: han quebrado al gobierno. Han fragmentado al chavismo, despertado conciencias, consechado apoyo internacional, desenmascarado y revelado verdades terribles y maravillosas a la vez. La terrible voluntad manifiesta de parte del gobierno de exterminarnos a todos: por hambre o por plomo. La maravillosa voluntad manifiesta del pueblo venezolano, capitaneado por la juventud, de no doblegarse, de luchar hasta vencer.
En los próximos días comienza la activación de un proceso histórico: la rebelión constitucional. El 330 y el 350. Ustedes, generación de padres y madres, tienen la oportunidad histórica de cumplir con su responsabilidad. De saltar al campo de batalla al lado de sus valientes y gloriosos hijos.
La desobediencia civil tiene formas claras de ejercerse. Este es el sacrificio que se les pide. Una gota mínima al lado de la sangre derramada por otros héroes en las calles de nuestra patria.
En los próximos días, si usted tiene un negocio, haga el sacrificio y no comercie por ningún motivo con el gobierno. Si le vende, no le venda más. Ni a alcaldías ni a gobernaciones chavistas. Si usted controla una empresa de finanzas o tiene contactos en el extranjero a nivel financiero, explique y deje bien claro que los bonos firmados ilegalmente por un presidente asesino, no serán reconocidos ni pagados. Que el pueblo votará a favor de un referendum para no pagar esos bonos cuando se le pida. Que quién financie la muerte, cobrará aire. Si usted importa y tiene al chavismo de cliente, no le importe más. Jódase un poco financieramente, se que es arrecho de pedir, pero la república que vendrá si vencemos, valdrá la pena. Y la que vendrá si perdemos no le dejará vivir.
En los próximos días, pregone en las calles con sus amigos y conocidos y atrévase hasta con los extraños. Cuente su experiencia de por qué este país tiene que cambiar. Hable de la inflación que nos ahoga. Hable de la escasez que nos tortura. Hable de la violencia y el hampa desatada que nos matan. Mójese en esto. Comprométase con quien se encuentre en la calle a la idea de convencerlo de que SI ES POSIBLE UN PAÍS MEJOR. Busque sus amigos militares y policías - sabe que los tiene - y no les insulte. Pídales conversar con una cerveza o con un trago. Invítelos a su casa. Rételos a pensar en el país: En la mierda colectiva en la que estamos y en la barbarie hacia donde nos dirigimos. Tenga paciencia, presione y no suelte. Hágales sentir vergüenza por lo que hacen pero explíquele la verdad: que pueden redimirse. Que no tienen porque ser despreciados por el pueblo como son despreciados ahora. Que su trabajo era defender la República, no violarla a diario. Pregúnteles qué van a hacer si la Asamblea Nacional, en pleno uso de sus poderes designa nuevas autoridades. ¿No van a respetar a la autoridad electa, a la Constitución, a su pueblo? No necesita que le respondan, solo necesitamos que piensen en esa pregunta. 
En ese mismo sentido, en los próximos días, la Asamblea Nacional tendrá la vital labor de nombrar un nuevo Estado. Un nuevo TSJ y un nuevo CNE. Esto es lo que viene. La Asamblea Nacional tiene la legitimidad y la legalidad para ello. Tiene el poder. Este nombramiento se debe hacer en la calle, en una sesión legislativa con la formalidad que requiere, pero bañada de pueblo. En santa comunión entre los representantes de la soberanía nacional electos (los diputados) y su soberano: EL PUEBLO DE VENEZUELA. El nuevo TSJ y el nuevo CNE que salgan de allí deben ser apoyados, reconocidos y defendidos a todo costo. Hágalo. Reconozca su autoridad, promueva su autoridad. Trate con ellos, búsquelos y ofrezca su apoyo.
Ustedes, generación de padres y madres, tienen mucho que ofrecer. Más de lo que se imaginan. Ustedes están - la mayoría - en la cumbre de su vida productiva. Son dueños de empresas o empleados con experiencia. Tienen dinero o tienen contactos. Tienen la virtud de estar en el umbral de la respetuosa Tercera Edad, por tanto han vivido y han aprendido, pero aún no están marcados por el deterioro inevitable de la senilidad. Son por ello reservorio moral e intelectual. Ustedes pueden validar y defender, mantener y proteger, consolidar y garantizar, una nueva República. Un futuro para sus hijos. 
El sacrificio de Pernalete, Urbina, Moreno y Neomar, y todos los demás valientes que han dejado su vida, ha sido la chispa del inicio. Sean ustedes - generación de padres y madres - la mecha del sustento. Y encendamos juntos la llama de la libertad. La llama de la República de Venezuela. Denle alimento a la hoguera de la lucha. Bajen al campo de batalla de la mano de sus hijos - quizás los más valientes q ha parido esta Tierra de Gracia - y combatamos juntos, inexorablemente, hacia la rebelión y la victoria.

Extraído del texto:
La República Fragmentada
Prof. Carlos Straka
Docente USB